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Codo 2012

Quizás algún día descubriré que el mes de agosto tiene algo de especial para mí. O no. En el de 1969 visité Codo por primera vez. Mi padre quiso llevarnos a conocer el lugar de origen de mis abuelos, y los cinco (él, mi madre y mis dos hermanos) viajamos hasta allí con el flamante 600 de segunda mano que se había comprado. Hacía pocos días que la especie humana había pisado la superficie lunar por primera vez. Seguramente mientras Amstrong, Aldring y Collins viajaban en el Apolo 11 hacia la Luna, los Benavente cruzábamos los Monegros dirección a Bujaraloz, de camino a Codo. Amstrong, que fue el primero en apearse de la nave, se hallaba a pocos días de cumplir los 39 años, y a mi padre le faltaban unos meses. Ambos se han ido hace poco. El astronauta con los 82 cumplidos, mientras que a mi progenitor aun le quedaba medio año para alcanzarlos. Aunque eso de ir a la Luna generó incredulidad desde el primer momento. A una vecina de la tía Victoriana, de Zaragoza, le oímos decir: Sí hombre, en ese medio gajico se van meter, anda… (por aquellos días la Luna andaba entre Nueva y Cuarto Creciente, de ahí la forma de gajo a que se refería la mujer).

Fue también a primeros de un mes de agosto de 1980 cuando volví de nuevo a Codo con Mercè (a dos meses de traer al mundo a nuestro hijo Jordi) y mi abuela Úrsula. Aquel mismo año mi mujer y yo habíamos empezado a construir nuestro árbol genealógico y queríamos tener fotos de nuestros antepasados. Un viaje que repetiríamos en el mismo mes del año 1989, para consultar los libros Sacramentales. Tres años después Mercè y yo iniciamos una etapa en la que durante una década nos dedicamos a investigar en los archivos murcianos. Mientras que la línea de los Val (la de mi abuela Úrsula) se adentra hasta las profundidades del siglo XV sin moverse de Aragón, la de los Benavente (la de mi abuelo Juan José) procede de Fortuna (Murcia), con una antigüedad similar a la de los Val.

Fui dejando para un “mañana” que nunca llegaba el poner orden a todo el material acumulado a lo largo de los años, mientras que otros proyectos de características similares ocupaban mi tiempo, y entretanto la vida iba pasando. La “repentina” muerte de mi padre el pasado 11 de Julio y las palabras de mi hijo después del suceso: Ara t’hauries de posar a escriure la història dels Benavente, me hizo reflexionar, sobretodo porque de golpe me di cuenta que me había quedado sin la posibilidad de contar con él para llenar aquellos vacíos históricos que aun me quedaban para unir con seguridad la etapa murciana con la aragonesa, propiciada por el mítico abuelo pañero a mediados del s. XIX. Y ese “mañana” ha llegado.

Y de nuevo agosto tomó protagonismo. Fue durante los primeros días del pasado mes cuando viajé a Codo, esta vez con un acompañante de excepción: mi primo Juan José Crivillés Benavente, ávido por descubrir esa parcela maña que también le pertenece.

Así que dispuestos a tomar el pulso histórico a los primos de mi padre, que también son los de su madre, Juanjo y yo pasamos la mayor parte del tiempo hablando y tomando buena nota de todo cuanto les venía a la memoria. Y descubrimos, por ejemplo:

Que las dos hijas que el abuelo pañero había tenido en Fortuna de su primer matrimonio se casaron en Codo. Nicolasa, con Pedro Cerra, de casa cebolas, e Isabel, con Isidro Ponz, de la familia de los caldereros. La descendencia de la primera quedó truncada en la segunda generación. De la segunda, en cambio, desciende Mari Carmen Ponz, esposa de Enrique Val.

Que el hijo que la tía Martina había adoptado, junto con su marido Cándido Alcañiz, murió en extrañas circunstancias mientras vivía en Fuentes con su mujer. Martina era hija del abuelo pañero, de la etapa de Codo.

Que el abuelo José, hermano de la dicha Martina, enviudó pronto de Andresa Belenguer (una lagatina afincada en Codo) y casó en segundas nupcias con Pabla Val, que también era viuda y con hijos.

Que durante la Guerra Civil Española la gente de Codo fue trasladada a diferentes localidades (Fabara, Mequinenza, etc.) y que mientras duró el “exilio” a

algunos les sobrevino la muerte como es el caso de Presentación Gracia, primera mujer de Enrique Val, padre del Enrique antes mencionado.

Que el éxito que el tío Valeriano (hermano de nuestro abuelo) tenía con las mujeres fue lo que posiblemente le llevó a la muerte, la cual le sobrevino en circunstancias desconocidas y en un lugar que nadie acierta a precisar (Azuara, Belchite, Letux…)

Que al practicante porrón, de nombre Lorenzo, hermano de la abuela porrona (Gregoria Capapey, mi bisabuela paterno materna) le sacaron una cobla: El practicante porrón va por las calles bajas con un caballo blanco que da ansias.

En fin. Estas noticias y otras que daré a conocer en una edición mucho más ampliada, las debemos a Andresa Benavente Salvador y Felipa Tena Benavente; a los hermanos Antonio Val Gracia, Enrique Val Villuendas y Félix Salete Díaz, y a Mari Carmen Ponz Villuendas, esposa de Enrique Val y descendiente de las hijas fortuneras del abuelo pañero; a María Calvo García y a Úrsula Julián Calvo, todos ellos primos hermanos de Asunción y Juan Antonio Benavente Val, madre de Juan José y mi padre, respectivamente. Sin duda, el testimonio de todos ellos será vital para completar con éxito la etapa a la que antes me refería, como lo fueron en su momento los de mi abuela Úrsula, mi tía Asunción y mi padre.

Ramón Benavente Freixas. 

Martorell, septiembre de 2012. 

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